Análisis: Demon Turf

 Ya jugamos Demon Turft, y luego de terminarlo, te traemos la reseña 


Demon Turf es un videojuego de plataformas en tres dimensiones, pero protagonizado por personajes bidimensionales. Fue desarrollado por Fabraz y distribuido por Playtonic, llegando a PC por Steam y Nintendo Switch el 4 de noviembre.

La historia no tiene mucho miramiento: Encarnamos una Beebz, una aprendiz de demonio que desea destronar al actual rey supremo y ser la nueva gobernante del averno.El reino demoníaco comprende una urbe principal (llamada Forktown, donde vive nuestra protagonista) y cuatro provincias. Cada provincia, a su vez, está conformada por varios distritos (los niveles que Beebz deberá superar) y un jefe final.

Aunque a simple vista pareciera un juego de acción, Demon Turf es un plataformero de puzzles correlativos. Los desafíos no se hacen esperar y terminará siendo vital repetir los escenarios una y otra vez, hasta cumplirlos a la perfección.


Se nota la fuerte inspiración que Fabraz ha absorbido de la saga de Super Mario al momento de imaginar el sistema de juego de Beebz, pues esta cuenta con un arsenal de saltos que deberá usar y combinar para lograr superar todos los desafíos del videojuego.

Gracias a que contamos con una cámara que podemos mover libremente, casi siempre tenemos la posibilidad de encontrar la mejor angulación posible antes de ejecutar nuestro siguiente movimiento, aunque esto no quita que, en ocasiones, ya sea por efecto del tiempo límite o la simple perspectiva, cometamos equivocaciones y aterricemos en plataformas equivocadas.

Una peculiaridad de este juego es la posibilidad de nosotros mismos establecer los puntos de control en casi cualquier lugar del nivel. Inicialmente, podemos determinar hasta cuatro checkpoints para hacer respawning en caso de algún accidente letal. Aquí mismo debemos resaltar que Beebz es, literalmente, inmortal: pues podemos reintentar los niveles (o fragmentos de ellos) todas las veces que sean necesarias. No hay penalización -más allá de una mala calificación final del juego- que nos obligue a completar las fases sin fracazar.

Aunque pareciera que las vidas infinitas y los checkpoints a discreción hacen las cosas sencillas, no es así: es evidente la decisión de Fabraz al momento de incorporar estas mecánicas a un juego que tiene una dificultad más bien alta y que ya de por sí resulta frustrante en diversas secciones que parecieran no tener solución después de muchos reintentos.



Demon Turf cuenta con un recorrido casi siempre lineal y obliga al jugador a hacer exactamente lo que se ha programado que se debe hacer. Hay muy pocas secciones que den libertad de elegir cómo se puede resolver tal o cual desafío.

El juego busca la repetición y la perseverancia; pero premia la perfección, de ahí que premie con trofeos si un determinado nivel logra resolverse en tiempo récord. Los niveles cuentan, además, con secciones muy marcadas en las que el jugador debe cumplir tareas específicas si desea proseguir: diferenciadas con un marco llamativo y un cartel que lo indica de forma literal, las zonas de batalla, de recolección de llaves, las zonas malditas y las carreras de anillos se sienten más como desafíos puestos a la mala antes que puzzles integrados en el desarrollo natural del juego.

Para pasar el modo historia no es necesario completar el juego al 100 % (tarea titánica por la gran cantidad de contenido desbloqueable que existe), pero sí se nos condiciona a repetir muchas de las fases, al menos, dos veces para enfrentarnos contra el Rey Demonio. Es inevitable pensar que muchos de los desafíos propuestos por este juego están en función de aumentar su duración de forma artificial.


A diferencia del resto de niveles, las peleas contra los jefes se sienten mucho mejor pulidas y trabajadas. No solo llegan a ser emocionantes, sino que, aunque mantienen una mecánica de puzzles, se sienten mucho más orgánicas y en comunión con la naturaleza de los personajes. Las fases de los jefes son como un examen de fin de curso que se encargan de hacerte sentir como un verdadero aprendiz de demonio y que, con cada movimiento que haces, eres un poco más hábil que antes. Se extraña, por otro lado, un modo del tipo “boss rush”.

Es inevitable sentir una disociación en el apartado gráfico del videojuego. Ya habíamos hablado que Demon Turf se desarrolla en un mundo de tres dimensiones, pero con personajes bidimensionales y aunque es una técnica novedosa y muy llamativa, se siente también la dejadez del desarrollador en el apartado visual general.

Aunque los personajes principales tienen un acabado genial, muy detallados, con sombras, volúmenes y animaciones complementarias; no comparten este mismo cariño el resto de NPCs que, en muchas ocasiones, ya parecen haber sido dibujados a la mala y en el programa de dibujo más primitivo que se pudo encontrar.

Los escenarios, por otro lado, aunque proveen de visuales muy llamativos que en muchas ocasiones nos remontan a un videoclip psicodélico de los años noventas, tienen secciones con texturas repetitivas y carentes de vida. Se entiende la intención por hacer de este un videojuego con apariencia retrofuturista, pero no es excusa para tener acabados tan contrastados en el mismo universo.



Probablemente el aspecto que sale mejor parado en este videojuego sea el lado sonoro, pues no solamente la música es extremadamente pegadiza y hasta memorable, sino que la caracterización de las voces tiene mucha intención y marcan fuertemente la personalidad de los personajes.

La banda sonora cuenta con mezclas de rock alternativo, metal, hip hop y hasta electrónica, todas tamizadas con una capa de pop que las unifica y las hace hasta placenteras y muy motivadoras de escuchar, casi olvidando que están en bucle durante todo el desarrollo del nivel.

Si a pesar de todo sientes que completar el modo historia de Demon Turf no es suficiente y necesitas más, el juego te tiene cubierto. No solamente puedes repetir los niveles para pasarlos y desafiarte a ti mismo superándolos en el menor tiempo posible y conseguir todos los trofeos, sino que también existen una infinidad de sitios secretos entre los diversos distritos que puedes encontrar y fotografiar, para luego montar tu propia galería de arte en tu Forktown natal.

Además tenemos el Demon Soccer Golf, un minijuego que consiste en guiar una gigantesca bola de piedra a través de diversos caminos de obstáculos, usando todas las habilidades aprendidas.
Completar el juego al 100% te abre camino al “Demon´s Vault” o “Bóveda del demonio”, un lugar exclusivo, solo para fanáticos y que ofrece un nivel ultrasecreto.


Conclusión: 

Demon Turf es un videojuego con sensaciones mixtas, que brilla muchísimo en el aspecto jugable, pero que llega a sentirse incompleto en muchas aristas al punto de pensar que le faltó tiempo para terminar de pulirse. 

Es un juego recomendado para todos aquellos que disfrutan de un nivel de reto elevado y que, al mismo tiempo, gustan de desbloquear todo al 100 %. No es un juego para todos o, al menos, no para aquellos que no son muy tolerantes a la frustración.

LO MEJOR:

- El control del personaje.
- La banda sonora.
- La actuación de voces.
- Mucho contenido por desbloquear.

LO PEOR

- La duración artificial.
- La poca flexibilidad para cumplir los niveles.
- La simpleza del diseño gráfico general.

NOTA
75/100
 
AUTOR:

Análisis hecho con un código para Steam brindado por Playtonic*


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