Análisis: Stray

 Jugamos el juego del michi y te contamos nuestra opinión


Annapurna Interactive puso a la venta Stray, el pasado 19 de julio, en PlayStation 4, PlayStation 5 y PC. Además, también se puso a disponibilidad gratuita de los suscriptores del PlayStation Plus Deluxe, Extra o Premium(extranjero). Nosotros ya lo jugamos y te contamos nuestra opinión.

Este título nos cuenta la historia de un gato que pertenece a una pequeña camada de felinos que viven en los exteriores. Un día, tras un accidente, nuestro protagonista tiene una gran caída y queda totalmente separado de sus gatos hermanos o amigos. Aunque el golpe de la caída ha debilitado a nuestro pequeño felino, reunirá fuerzas rápidamente para buscar la salida. 


El problema es que el gato ahora se encuentra en lugar desolado, donde no parece haber otro ser vivo. Solo unos pequeños seres misteriosos llamados Zurks  que atacan a todo lo que se mueve y probablemente fueron los causantes de la ausencia de humanidad. Los Zurks son pequeñas bacterias creadas por el humano para comerse la basura, pero debido a la extinción de este, se han adaptado para comer carne y hasta metal. 

Pronto, nuestro protagonista se dará cuenta que no está solo junto a los Zurks, puesto que varios robots viven en ciudades abandonadas, y han creado todo una civilización con comercios incluidos. Entre ellos, conocerá a B-12, un pequeño robot que será nuestro compañero en esta gran aventura.


Estamos ante un juego de aventuras y puzzles, que mezcla capítulos lineales con capítulos de exploración con zonas abiertas.  Todo eso ambientado en un futuro distópico steampunk y protagonizado por un gato que entre sus habilidades está saltar, correr, arañar superficies, dormir y sobre todo, maullar.  B-12 será el punto de conexión comunicativa entre nosotros y el mundo, puesto que el será el encargado de leer la información, comunicarse con otros robots e incluso, hackear puertas y servidores.

Básicamente, en un inicio el juego será lineal, habrá que pensar un poco como gato para poder solucionar los puzzles, que muchas veces van de tirar un barril de una superficie o llegar hasta alguna plataforma de salto en salto.  Generalmente, los puzzles son sencillos y no se esconden mucho de la vista, si tenemos experiencia en este tipo de juego, seguramente los descifraremos en el instante, pero sino, lo más seguro es que solo te tomes unos cuantos minutos en superarlos.


Más adelante, cuando lleguemos a los Suburbios, las reglas del juego cambian un poco, pues se añade un factor de exploración. Dejamos la jugabilidad lineal para estar en medio de una ciudad mal cuidada, habitada solo por robots. En los suburbios deberemos explorar y seguir una serie de misiones para poder continuar. El recadeo de encontrar algo o llevar algo a alguien, se vuelve el motor principal del juego. 

Una vez superemos la zona de los suburbios, el juego vuelve a ser lineal, pero esta versatilidad de zonas abiertas a explorar se vuelve a repetir en el capítulo Centro, donde nos encontramos en una ciudad mucho más comercial, casi cerca al final del juego. 

En el juego básicamente nos enfrentaremos a dos tipos de enemigos, los Zurks y unos drones de seguridad que nos dispararán al detectarnos. Más adelante en el juego tendremos una luz violeta que emitirá B-12 que acabará con buenos puñados de  Zurks, aunque cuando el grupo de estos es muy amplio, la decisión más sabia sigue siendo correr. En cuanto a los drones, no hay manera de hacerles frente, solo deberemos esquivarlos, escondernos o correr.

Y sí, nuestro gato puede morir, ya sea comido por los Zurks o ametrallado por un drone. Claro, ninguna de estas dos tipos de muertes serán tan explicitas.  Y como los gatos tienen varias vidas, luego de una muerte, podemos retomar nuestra aventura desde el último punto de control. Podemos morir infinitas veces, pero seguro no querrán ver como le disparan al michi, así que eviten no hacerlo.

El juego cuenta con ciertos coleccionables que nos motivarán a peinar las zonas antes de continuar. El más importante de estos son los recuerdos de B-12 que estarán repartidos entre todos los capítulos. Aunque también tendremos otros, como las partituras que solo podrán encontrarse en los Suburbios, y luego de abandonar esta zona (la segunda vez) ya no habrá manera de volver a ella. 


El ritmo del juego es bueno, pero ciertamente descuadra en algo en cambio abrupto entre lo lineal y abierto. Además poco a poco, sentimos que el factor de que seamos un gato va perdiendo importancia mientras más nos metemos en la historia. Además, tenemos un último capítulo, que aunque resulta algo emotivo, no sentimos que da ese cierre que tanto esperábamos en un inicio, y por otro lado, se siente muy abrupto. Unas cuantas escenas más explicativas al final sobre el destino del minino, no hubieran estado de más.  

La gracia del juego en un inicio es ser gato. Todos esos movimientos y reacciones tan naturales, como el botón dedicado de maullar, ver como puede quedar dormido en cualquier lugar cómodo, darnos cuenta que se eriza cuando se asusta,  como se mete dentro de las cajas o aquella primera vez que se pone el traje de B12 y empieza a caminar como aplastado hasta que se acostumbra. Todas esas acciones tan naturales de un gato son para nosotros el motivo principal para enamorarnos de este juego, pero precisamente mientras más avanzamos, nos adentramos en una historia también interesante, pero que le quita importancia al factor de ser un gato. Prácticamente pierde importancia lo que somos, y terminamos convertidos en una extensión física que sigue órdenes de un robot.

El juego puede durar un promedio de 6 horas, hasta 8 en el caso que los puzzles sean algo complicado para nosotros. Pero si sabemos lo que hacemos y vamos directamente hacia lo principal, rápidamente, podemos acabar el título hasta en 2 horas. (y hay un trofeo que nos motiva a hacerlo). Más que los coleccionables o los trofeos, no hay mucha motivación para darle una nueva pasada al juego.  Aunque, claro, siempre se lo podemos enseñar a una visita, total, los gatos siempre son adorables. 



Gráficamente el juego destaca por los movimientos gatunos de nuestro protagonista. La captura de movimiento y los detalles tomados del comportamiento, lo convierten en el mejor simulador gatuno. La ambientación de las ciudades en el juego y el diseño de los robots también tienen su brillo especial, dándole una tonalidad steampunk al título. 

Nosotros lo jugamos en una PS5 y pudimos disfrutar el título a 4K con 60 fotogramas por segundo, aunque dados los constantes juegos de iluminación y sombras que el juego nos presenta, se siente la ausencia de compatibilidad nativa con HDR. Los tiempos de carga en el juego también son muy cortos, pudiendo tomar hasta 4 segundos como máximo.

Respecto al sonido, destacamos todos los efectos gatunos, además de una banda sonora magistral, que brilla en todo momento del juego, con melodías entre tétricas, misteriosas, metaindustriales y urbano futuristas.


Conclusión

Stray es un juego que solo gente con un especial cariño hacia los gatitos podría hacer y que los fans de los michis seguramente adorarán. Todos los detalles, acciones y movimientos de estos felinos se reproducen de una manera tan perfecta, que no es extraño ver gatos saltando hacia nuestras pantallas. 

No obstante, el factor por el que amamos el juego, termina convirtiéndose en un detalle secundario mientras avanzamos en él. Conforme más avanza esta historia de robots en un mundo apocalíptico, sentimos como nos convertimos en un simple recadero, con un mundo y problemas tan ajenos, que no podemos evitar sentir que no importaría si nuestro personaje fuera un gato, un niño o un perro, simplemente somos una extensión física para nuestro robot compañero.

Lo mejor:

- Todo el registro de movimientos gatunos y representación de su comportamiento
- Mundo post apocaliptico bien planteado
- El OST es maravilloso
- Tener un botón dedicado al maullido
- Muchos de los puzzles que se solucionan pensando gatunamente


Lo malo: 

- Transiciones abruptas entre lo lineal y capítulos de exploración
- Escena final corta, que no justifica completamente nuestro viaje.
- Ser gato termina perdiendo importancia mientras avanzamos la historia 

NOTA
83/100

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