Análisis: Hollow Knight: Silksong

 Jugamos la esperada secuela de Hollow Knight y esta es nuestra opinión



El 4 de septiembre Team Cherry lanzó Hollow Knight Silksong para PS5, Switch y Switch 2. Luego de jugarlo te contamos nuestra opinión.

Tras más de seis años de espera, Hollow Knight: Silksong por fin ha llegado para demostrar que el género metroidvania aún puede superarse a sí mismo. Lo nuevo de Team Cherry no solo cumple con las gigantescas expectativas, sino que las eleva, ofreciendo una aventura que combina belleza artística, desafío mecánico y diseño narrativo con una delicadeza poco común en los videojuegos contemporáneos.

A diferencia de Hollow Knight, cuya narrativa se apoyaba fuertemente en el silencio, la interpretación y el lore ambiental, Hollow Knight: Silksong apuesta por una historia más directa, sin perder misterio. Aquí no controlamos a un avatar vacío, sino a Hornet, un personaje con identidad, pasado y objetivos claros, lo que cambia por completo la forma en que se construye el relato.

La historia comienza con Hornet siendo capturada y llevada contra su voluntad a Telalejana, un reino desconocido situado muy por encima de Hallownest. Este nuevo escenario no es un simple cambio de mapa: representa una sociedad estructurada, con castas, rituales y una obsesión casi religiosa por la seda, las campanas y la ascensión. Desde el inicio, el juego deja claro que Hornet no es una intrusa cualquiera, sino una pieza clave dentro de un plan mucho más grande.


A lo largo de la aventura, Hornet se ve obligada a ascender por este reino hostil, enfrentándose a criaturas que no solo quieren detenerla, sino utilizarla. La narrativa gira constantemente en torno a ideas como el destino impuesto, la pérdida de la libertad y la resistencia frente a un rol que otros han decidido para ti. En este sentido, Silksong es más explícito que su predecesor, pero también más emocional.

Uno de los mayores aciertos del juego es cómo integra la historia en la exploración. Los diálogos son más frecuentes y claros, pero nunca excesivos; cada personaje que Hornet encuentra aporta una pieza del rompecabezas de Telalejana. Algunos buscan ayudarla, otros manipularla, y varios parecen saber más de ella de lo que deberían. Esto refuerza la sensación constante de que Hornet está siendo observada… y utilizada.

El trasfondo personal de la protagonista también gana mucho peso. Hornet ya no es un personaje secundario enigmático, sino una figura que reflexiona, cuestiona y actúa con determinación. Su relación con el legado de Hallownest, su linaje y su rol en este nuevo reino se desarrollan de forma progresiva, sin necesidad de largas cinemáticas, pero con momentos clave que dejan huella.


Narrativamente, Silksong mantiene el sello de Team Cherry: nada se explica del todo, pero ahora el jugador tiene más herramientas para comprender el mundo. El lore sigue estando en descripciones, escenarios y pequeños detalles, aunque esta vez la trama principal es más fácil de seguir, lo que ayuda a que el viaje tenga un sentido más definido y personal.

Si Hallownest era un reino en ruinas marcado por la decadencia y el silencio, Telalejana es su opuesto conceptual. El mundo de Hollow Knight: Silksong se presenta como un territorio vertical, activo y peligrosamente funcional, donde cada zona parece cumplir un propósito dentro de una sociedad que aún respira, trabaja y vigila.

Desde el primer momento, Telalejana transmite la sensación de estar diseñado alrededor de Hornet. No es solo un escenario para explorar, sino un entorno que reacciona a su presencia. Sus estructuras, caminos y desafíos están construidos para poner a prueba su agilidad, reforzando la idea de ascenso constante: subir, escapar y romper las cadenas que la atan a este reino.

Visualmente, el mundo destaca por una variedad de biomas notable, cada uno con identidad propia. Ciudades suspendidas, bosques mecánicos, cavernas infestadas de seda, ruinas devoradas por insectos y zonas industriales marcadas por campanas y poleas conforman un mapa que nunca cae en la monotonía. Cada área no solo se diferencia por su estética, sino también por su ritmo, peligros y enemigos característicos.



La ambientación sonora juega un papel clave en esta construcción del mundo. Los efectos ambientales —el eco de campanas lejanas, el crujir de mecanismos, el murmullo de criaturas ocultas— refuerzan la sensación de estar recorriendo un reino que sigue en funcionamiento, incluso cuando Hornet no está presente. Todo contribuye a una atmósfera envolvente, donde el jugador se siente pequeño dentro de algo más grande.

A nivel narrativo, Telalejana se cuenta a sí misma a través del entorno. Estatuas, símbolos, arquitectura y distribución de los espacios revelan una sociedad obsesionada con la jerarquía, el control y la trascendencia. No es un mundo que haya caído, sino uno que se sostiene sobre rituales y sacrificios, lo que lo vuelve incluso más inquietante que la decadencia de Hallownest.

Otro aspecto destacable es cómo el diseño del mundo fomenta la exploración sin necesidad de guiar al jugador de forma evidente. No hay rutas claras ni marcadores intrusivos: el avance se da por curiosidad, intuición y aprendizaje del entorno. Esto refuerza la sensación de descubrimiento constante y premia al jugador atento con atajos, secretos y zonas opcionales que expanden el lore.

Hollow Knight: Silksong parte de la base jugable que convirtió al primer Hollow Knight en un referente del metroidvania, pero la reinterpreta desde el diseño del personaje de Hornet. Aquí no se trata solo de añadir movimientos nuevos, sino de construir todo el sistema de juego alrededor de una protagonista más ágil, ofensiva y expresiva en combate.




Hornet se mueve con una rapidez notable: salta más alto, se desplaza con mayor fluidez y cuenta con un repertorio de acciones que favorecen un estilo de juego más agresivo. El combate es menos defensivo que en la entrega original, incentivando al jugador a mantener la presión, leer patrones enemigos y castigar errores con precisión quirúrgica.

El sistema de combate se apoya en ataques cuerpo a cuerpo veloces, habilidades especiales y el uso estratégico de herramientas, todas integradas de forma orgánica en la exploración. Cada enfrentamiento, incluso contra enemigos comunes, exige atención y timing, reforzando la idea de que Silksong no es un juego para avanzar sin pensar.

Uno de los cambios más relevantes es la reconfiguración de los sistemas de progreso. En lugar de centrarse únicamente en habilidades pasivas, Silksong introduce un enfoque más modular, donde las herramientas, mejoras y habilidades activas permiten personalizar el estilo de juego. Esto abre la puerta a estrategias distintas según la situación, el tipo de enemigo o el área que se esté explorando.

La exploración sigue siendo no lineal, pero ahora se siente más dirigida por las capacidades de Hornet. Muchas zonas están diseñadas para aprovechar su movilidad, dando lugar a secciones de plataformas más dinámicas y exigentes. Saltos encadenados, desplazamientos en el aire y combates en espacios reducidos convierten cada tramo en una prueba de habilidad más intensa que en el juego original.


En cuanto a los enemigos y jefes, Silksong eleva considerablemente el listón. Los patrones son más complejos, los ataques más rápidos y las ventanas de castigo más cortas. Los combates contra jefes destacan no solo por su dificultad, sino por cómo obligan al jugador a dominar todas las mecánicas aprendidas, funcionando como exámenes de progreso más que simples obstáculos.

El sistema de guardado y penalización mantiene una filosofía exigente, aunque con ajustes que hacen la experiencia más ágil. Morir sigue siendo parte del aprendizaje, pero el juego reduce la frustración innecesaria sin eliminar la tensión, encontrando un equilibrio que premia la perseverancia.

Si algo deja claro Hollow Knight: Silksong desde sus primeras horas, es que no está dispuesto a suavizar su propuesta para acomodarse a todos los jugadores. Team Cherry apuesta por una dificultad elevada, coherente con la identidad de la saga, pero llevada un paso más allá gracias al nuevo ritmo de juego que impone Hornet.

La curva de aprendizaje es exigente desde el inicio. Aunque el juego introduce sus sistemas de forma progresiva, lo hace sin tutoriales invasivos ni explicaciones extensas. El jugador aprende fallando, observando y adaptándose, una filosofía que recuerda constantemente que el error es parte del proceso. Esto puede resultar intimidante para quienes no estén familiarizados con el género, pero tremendamente satisfactorio para quienes disfrutan del desafío.


A diferencia del primer Hollow Knight, donde el combate tendía a ser más pausado y reactivo, Silksong exige una actitud más proactiva. Los enemigos atacan con mayor frecuencia, combinan patrones y castigan duramente la pasividad. Esto obliga a dominar el movimiento, el posicionamiento y el uso de habilidades desde fases tempranas del juego.

Los jefes son el punto donde esta dificultad alcanza su máxima expresión. Cada combate está diseñado como un rompecabezas de reflejos y memoria, con múltiples fases, cambios de ritmo y ataques que requieren una lectura clara del escenario. No basta con tener buenos reflejos: es necesario entender cuándo atacar, cuándo retirarse y cuándo asumir riesgos.

La progresión del jugador se siente claramente ligada a su habilidad real, no solo a las mejoras obtenidas. Aunque existen herramientas y mejoras que facilitan ciertos enfrentamientos, Silksong nunca permite “romper” el juego. Incluso con un equipamiento avanzado, el dominio mecánico sigue siendo indispensable.

Eso sí, el juego no cae en la injusticia. Cada derrota suele dejar una lección clara: un patrón mal leído, un movimiento precipitado o una habilidad mal utilizada. En ese sentido, la dificultad es consistente y honesta, aunque en algunos tramos puede sentirse más empinada de lo esperado, especialmente para jugadores menos experimentados.




Este enfoque hace que la satisfacción al superar un obstáculo sea enorme. Vencer a un jefe o completar una sección complicada genera una sensación de logro que pocos juegos actuales consiguen replicar. Silksong no busca complacer, sino retar y recompensar.

Hollow Knight: Silksong es una demostración clara de cómo un estilo artístico bien definido puede ser tan impactante —o más— que el realismo técnico. Team Cherry vuelve a apostar por una estética dibujada a mano, pero esta vez la lleva a un nuevo nivel de detalle, expresividad y dinamismo.

Visualmente, el juego destaca por escenarios ricamente ilustrados, con fondos animados que aportan profundidad y vida al mundo de Telalejana. Cada bioma cuenta con su propia paleta de colores, iluminación y composición visual, logrando que las áreas se sientan únicas y reconocibles al instante. No hay reciclaje evidente ni zonas genéricas: todo parece diseñado con intención narrativa y funcional.

El diseño de personajes y enemigos es otro de los grandes aciertos. Hornet tiene animaciones más complejas y fluidas que cualquier protagonista del primer juego, lo que refuerza su personalidad y estilo de combate. Los enemigos, por su parte, destacan por siluetas claras, movimientos legibles y una variedad visual que evita la confusión incluso en enfrentamientos caóticos. Cada criatura parece pertenecer orgánicamente al entorno que habita.




A nivel sonoro, la banda sonora de Christopher Larkin vuelve a ser un pilar fundamental. Sus composiciones no solo acompañan la acción, sino que definen emocionalmente cada zona. Hay temas melancólicos, otros inquietantes y algunos claramente épicos, especialmente durante los combates contra jefes. La música sabe cuándo destacar y cuándo desaparecer, permitiendo que el silencio y los sonidos ambientales también cuenten historia.

Los efectos de sonido están cuidadosamente integrados: el choque de armas, los saltos, el movimiento de mecanismos y el sonido de los enemigos aportan una sensación de respuesta inmediata que mejora notablemente la inmersión. Todo se siente preciso, limpio y satisfactorio.

En el apartado técnico, Silksong ofrece un rendimiento sólido y estable. Las animaciones son suaves, los tiempos de carga son mínimos y el juego responde de forma inmediata a las acciones del jugador, algo crucial en una experiencia tan exigente a nivel mecánico. No se perciben caídas de rendimiento ni problemas que afecten el ritmo de juego, incluso en zonas con alta carga visual.

Si bien no es un título que busque impresionar por potencia gráfica, sí lo hace por optimización y coherencia técnica. Cada elemento visual y sonoro está al servicio de la jugabilidad, sin distracciones ni artificios innecesarios.





Conclusión: 

Hollow Knight: Silksong es una secuela que entiende perfectamente qué hizo especial al juego original y sabe cómo llevarlo un paso más allá sin perder identidad. La elección de Hornet como protagonista redefine el ritmo del combate y la exploración, mientras que Telalejana se presenta como un mundo coherente, desafiante y cargado de personalidad. Todo —desde el diseño de niveles hasta su dirección artística— trabaja en conjunto para ofrecer una experiencia exigente, pero profundamente gratificante.

No es un título pensado para todos los públicos, y su dificultad puede resultar intimidante, pero quienes acepten el reto encontrarán uno de los metroidvanias más sólidos y refinados de los últimos años. Silksong no solo justifica la larga espera, sino que reafirma a Team Cherry como uno de los estudios independientes más importantes de la industria.


Lo bueno:


- Diseño de mundo sobresaliente

- Jugabilidad más ágil y precisa

- Dirección artística impecable

- Banda sonora y ambientación sonora de alto nivel

- Dificultad justa y bien diseñada


Lo malo: 


- Algunos picos de dificultad desbalanceados

- Narrativa aún demasiado críptica para algunos

- Recompensas de exploración desiguales


NOTA

90/100

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