Ya sea en casa, en la oficina o mientras te desplazas por la ciudad, la computadora se ha convertido en una herramienta indispensable. Sin embargo, existe un detalle técnico que muchos usuarios pasan por alto y que puede marcar la diferencia entre un equipo ágil y uno que se vuelve lento o presenta fallas con el tiempo: la pasta térmica.
Este compuesto, colocado entre el procesador (CPU) y el disipador, permite que el calor se transfiera de manera eficiente. Con el paso de los años, la pasta puede secarse y perder efectividad, lo que incrementa la temperatura del equipo y eleva el riesgo de fallas inesperadas.
“Tu computadora es bastante inteligente para avisarte si algo anda mal con el calor. Mientras no escuches los ventiladores ‘despegando’ como un avión constantemente o no sientas lentitud, vas por buen camino. Si la temperatura del CPU es estable, la marca de la pasta importa mucho menos que una presión de montaje adecuada, un disipador limpio y un flujo de aire correcto”, explicó Becket Barrionuevo, Country Manager de Acer Perú.
Tanto si usas una PC gamer, una laptop de trabajo o una desktop personalizada, entender cuándo revisar y reemplazar la pasta térmica puede ayudarte a evitar reparaciones costosas y extender la vida útil del equipo.
Recomendaciones clave
1. Revisión periódica
La pasta térmica actúa como un “puente invisible” que mantiene fresco el procesador. Si notas sobrecalentamiento, es recomendable revisarla y reemplazarla cada 3 a 5 años, o cada vez que desmontes el disipador. Una aplicación correcta puede marcar la diferencia en el rendimiento.
2. Reemplazarla correctamente
Antes de aplicar nueva pasta, limpia completamente los restos antiguos con alcohol isopropílico y un paño sin pelusa. Luego, coloca una pequeña cantidad —del tamaño de un guisante o en forma de “X”— para asegurar una distribución uniforme.
Al reinstalar el disipador, aplica presión pareja y ajusta los tornillos en forma cruzada para repartir la pasta correctamente. La clave es una capa fina: ni demasiado poco ni en exceso.
3. Elegir la pasta adecuada
En la práctica, la diferencia entre pastas térmicas de buena calidad suele ser mínima. Lo más importante es que sea fácil de aplicar, duradera y no conductora de electricidad (generalmente de cerámica o carbono).
Al momento de comprar, considera:
Textura: debe ser similar a una crema suave; ni demasiado espesa ni excesivamente líquida.
Estabilidad: que garantice un buen desempeño por al menos cinco años.
Evitar el “metal líquido”: aunque ofrece gran capacidad de enfriamiento, conduce electricidad y puede dañar el equipo si se aplica incorrectamente.
¿Prefieres no arriesgarte?
Si no te sientes seguro realizando el mantenimiento por tu cuenta, optar por servicio técnico profesional es una alternativa más segura. Programas como los Planes de Servicio Extendido Acer Care pueden cubrir revisiones y reparaciones de hardware sin el riesgo de afectar la garantía, especialmente en laptops, equipos todo en uno o dispositivos recientes.
Un mantenimiento preventivo oportuno no solo mejora el rendimiento, sino que también protege tu inversión a largo plazo.

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